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Doce horas

Faltan doce horas para nuestra cita.

Mis manos están a doce horas de tu piel y ya tiemblan ansiosas.

Y mi lengua saborea tus pezones a medio día de distancia.

Desde ya mis dedos codician acercarse a tu abismos,

insinuar con dulzura el asalto,

ahora mismo te devoro anticipadamente,

yo tu caníbal y tu presa.

Darío Jaramillo
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Huelo a ti

Yo huelo a ti.

Me persigue tu olor, me persigue y me posee.

No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti,

no es el aroma que llevas como una prenda más:

es tu olor mas esencial, tu halo único.

Y cuando, ausente, mi vacío te convoca,

una ráfaga de ese aliento me llega del lugar mas tierno de la noche.

Yo huelo a ti,

y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho,

y ese fino aroma me alimenta,

y ese aliento esencial me sustituye.

Yo huelo a ti.

Darío Jaramillo

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Es un sueño la vida

Es un sueño la vida,
pero un sueño febril que dura un punto;
Cuando de él se despierta,
se ve que todo es vanidad y humo…


¡Ojalá fuera un sueño
muy largo y muy profundo,
un sueño que durara hasta la muerte!…


Yo soñaría con mi amor y el tuyo.

Bécquer
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Dos Cuerpos

Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos olas
y la noche es océano.


Dos cuerpos frente a frente
son a veces dos piedras
y la noche desierto.


Dos cuerpos frente a frente
son a veces raíces
en la noche enlazadas.


Dos cuerpos frente a frente
son a veces navajas
y la noche relámpago.


Dos cuerpos frente a frente
son dos astros que caen
en un cielo vacío.

Octavio Paz
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A una muchacha

Querida, querida, sé
mejor que nadie
qué te hace latir así el corazón;
ni siquiera tu madre
lo puede saber como yo,
que rompí mi corazón por ella
cuando el pensamiento salvaje
que ella niega
y ha olvidado
hizo bullir toda su sangre
y relució en sus ojos.

Yeats
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Luz de la noche

Estoy pensando, es de noche,

en el día que hará allí

donde esta noche es de día.

En las sombrillas alegres,

abiertas todas las flores,

contra ese sol, que es la luna

tenue que me alumbra a mí.

Aunque todo está tan quieto,

tan en silencio en lo oscuro,

aquí alrededor,

veo a las gentes veloces

—prisa, trajes claros, risa—

consumiendo sin parar,

a pleno goce, esa luz

de ellos, la que va a ser mía

en cuanto alguien diga allí

«ya es de noche».

La noche donde yo estoy

ahora,

donde tú estás junto a mí

tan dormida y tan sin sol

en esa

noche y luna del dormir,

que pienso en el otro lado

de tu sueño, donde hay luz

que yo no veo.

Donde es de día y paseas

—te sonríes al dormir—

con esa sonrisa abierta,

tan alegre, tan de flores,

que la noche y yo sentimos

que no puede ser de aquí.

Pedro Salinas